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¿QUÉ SON LOS ORGANISMOS TRANSGÉNICOS?

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No te asustes, pero es posible que los billetes de tu cartera estén hechos con algodón transgénico.

Antes de entrar en materia vamos a diferenciar dos conceptos importantes: una cosa es un ser vivo modificado genéticamente y otra los seres vivos transgénicos.

Si atendemos a su nombre literalmente, un ser vivo modificado genéticamente es aquel cuyos genes han sido modificados, así sin especificar más. Y, eso, amigos míos, incluye a todos los seres vivos del planeta.

Los genes son las “instrucciones de montaje y funcionamiento”

Todos tenemos genes, ya que son nuestras instrucciones de montaje y funcionamiento. Imaginaos un lavabo de IKEA, lo compras en varios paquetes y te armas de paciencia para descifrar las instrucciones y las herramientas necesarias para montarlo. Pongamos por caso que te juntas con un folleto para montar el mueble bajo, otro para el grifo, otro el mueble alto, y cada una de las luces de arriba va con el suyo propio. Incluso tienes la suerte de que los señores de IKEA han tenido a bien editar otro más con las instrucciones para unir correcta y ordenadamente todas las partes. Podríamos decir que esos folletos son los “genes del lavabo”. Primero leemos el gen para el mueble “bajivisk” y lo montamos, seguimos con el gen para el grifo “floktsrüm”, luego el mueble alto “espejaak”,  terminamos poniendo las lámparas “lumiken” y voilá, nuestro mueble montado y en funcionamiento. (Nota: estos nombres están en riguroso sueco inventado).
Pues algo parecido ocurre con los seres vivos, lo único que el libro de instrucciones lo tenemos digamos “instalado”, para poder montarnos nosotros mismos. Los distintos seres vivos serían, a grandes rasgos como los productos de esta tienda, unos más sencillos con pocas instrucciones y otros más complejos, que requieren de instrucciones de montaje y mantenimiento más detalladas.

Nuestras “instrucciones”

Ejemplos de instrucciones serían en el caso del ser humano: cómo fabricar músculo, o huesos, quemar grasa…O almacenarla por si acaso, fabricar células de la epidermis cuando nos hacemos una herida y glóbulos rojos si hemos perdido mucha sangre…. Los genes de las plantas por ejemplo contienen las instrucciones para fabricar raíces y que estas vayan para abajo, para fabricar los paneles solares más eficientes conocidos hasta el momento, las hojas, para formar pinchos, para ahorrar agua, para fabricar toxinas o sustancias desagradables que disuadan a de comérselas a la vaca de turno. Y no sigo porque no acabaría nunca.

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Un poco de humor. Por cierto, otra similitud, tanto las instrucciones de IKEA como los genes están escritos en un lenguaje universal.
Lo bueno es que tenemos la suerte de que esa infinidad de instrucciones vienen “escritas” en una molécula, seguro que la conocéis, el ADN, que permite ser doblada, redoblada y apañada para meterla en el interior la célula, de tal manera que no moleste demasiado y pueda leerse cuando sea necesario.
Para que os hagáis una idea, y simplificando mucho muchísimo (científicos perdonadme), si tuviéramos que funcionar como IKEA, el virus más simplón del mundo tendría sus instrucciones en un humilde papelillo, de esos pegados en las farolas que anuncian clases particulares de inglés, mientras que las hombre ocuparían una enciclopedia de las tochas, esas que ocupan una estantería entera.

La modificación genética es común a todos los seres vivos.

Volvemos de nuevo a IKEA. Desde que su fundador comenzó a crear muebles hasta nuestros días, han cambiado muchas cosas. La variedad de productos, su diseño, los materiales, la manera de fabricarlos… Todo ello para ahorrar costes y adaptarse a la demanda de una sociedad que ha cambiado mucho desde entonces. Podríamos decir que tanto los productos como los folletos de instrucciones han ido evolucionando a la vez.

El ser humano lleva modificando genéticamente a las plantas y los animales desde hace milenios.

Del mismo modo, los seres vivos para adaptarse al entorno en el que viven y ser más competitivos, han ido cambiando sus genes/folletos de instrucciones, pero lo han ido haciendo hecho cada uno a su ritmo. En cuanto apareció el hombre y comenzó a ejercer de agricultor y ganadero le metió un poco de ritmillo a eso de la evolución.  Empezó favoreciendo a los hierbajos que daban frutos más grandes y menos amargos, a las cabras silvestres menos ariscas o las que más leche daban. Al reproducir y cruzar los especímenes que más le interesaban ya estaba modificando la  prevalencia de unos genes sobre otros. En otras palabras, y para que quede claro, el hombre lleva modificando genéticamente a las plantas y los animales desde hace milenios.

Esas modificaciones las fue haciendo “a ojo” prácticamente hasta el siglo XX, cuando se difunde el trabajo de Gregor Mendel, el padre de las Leyes de la herencia, que explican la transmisión de algunos caracteres sencillos de padres a hijos (pe. en seres humanos los lóbulos de la oreja libres o pegados, el albinismo o las pecas).

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Mira a tu alrededor y encontrarás organismos modificados genéticamente: la lata de  maíz dulce, distintas razas de perros en el parque o las flores de floristería, esas que no se mustian al rato de cogerlas.  Fuente: Syngenta

Trasteando con los genes

En cuanto los científicos le pillaron el truco al funcionamiento de los genes, aprendieron a trastear con ellos y descubrieron un mundo de posibilidades. Hasta entonces, buscaban aquí y allá características valiosas de las plantas de cultivo o sus parientes silvestres, e intentaban incorporarlas en las generaciones futuras mediante cruzamientos. 
Esas características interesantes a veces surgen espontáneamente debido a las mutaciones (es el caso del plátano, como ya conté en esta entrada).  Como las mutaciones no aparecen en la naturaleza cuando y como los mejoradores quisieran, la consecuencia lógica era… Provocarlas.  
Esto fue posible tras la Segunda Guerra mundial, gracias a las nuevas  técnicas desarrolladas durante la era nuclear. Se trata del «mejoramiento por mutación» y consiste en exponer a las plantas a radiaciones o determinadas sustancias químicas y luego comprobar si aparecen mutaciones útiles. Esta técnica, que tuvo su auge en los años 70, se ha utilizado, por ejemplo para lograr sandías sin pepitas (ver esta otra entrada).

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En España, en los años sesenta, también se hicieron experimentos con radiaciones de rayos gamma en la Finca del Encín (Alcalá de Henares), con fines de mejora genética y de conservación de cosechas. De estos, nos queda un bosquete que puede verse en el km 38 de la carretera de Zaragoza y esta curiosa estructura. Fuente: cualquiera de los que fueron mis coleguillas del Taller de Empleo “El Encín”.

El cultivo tisular

Otro manera de aumentar el número de mutaciones en las plantas es el “cultivo tisular“, que nos permite cultivar células, tejidos y plantas completas en condiciones artificiales y en pequeños recipientes de vidrio o plástico. Aunque esta técnica no se creó para causar mutaciones, se descubrió que las células y tejidos vegetales así “criados” mutan con más alegría, lo que amplió la gama de métodos disponibles para la mejora genética vegetal.

Entonces… ¿Qué son los transgénicos?

Antes, os cuente de una vez qué es un transgénico, dejadme que me de el último paseo por IKEA.
No sé si sabréis que hay gente muy muy manitas y muy creativa a la que la oferta de tienda sueca se le queda corta y se dedican a “maquear” sus productos. Un ejemplo sencillo, una simple silla a la que se le añade un orinal: sigue valiendo como silla, pero además ahora tiene otra funcionalidad que le aporta un valor añadido. Al igual que la mesa de la foto, primero siguieron las instrucciones para montar la mesa “sosik”, luego cortaron y pegaron la máquina de coser en el hueco hecho a propósito.

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Esta mesa me va a servir además para explicar los transgénicos. Fuente: https://es.gizmodo.com/
Pues bien, algunos biotecnológos actuales que se dedican a la mejora vegetal son como esos manitas que le buscan más utilidades todavía los productos que nos ofrece la naturaleza. Trasteándolos un poco para meterles un elemento que originalmente no estaba previsto, pero que acaba resultando la mar de útil.
Un organismo transgénico es aquel que contiene uno o más genes que le han sido insertados de forma artificial. Este gen insertado, al que llamaremos “transgen” puede provenir de una especie similar u otra completamente diferente, y acabará formando parte del organismo utilizando una versión sofisticada del copy-paste de toda la vida. En la siguiente ilustración podemos ver uno de los sistemas utilizados para obtener plantas transgénicas.

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Tomado y traducido (a mi manera) de http://learn.genetics.utah.edu/content/science/gmfoods/.

Cómo se obtienen las plantas transgénicas

1. Tomamos una bacteria (Bacillus thuringiensis) que posee un gen, bautizado con el sugerente nombre de cry1Ac, responsable de producir una proteína tóxica para determinados tipos de insectos, incluido un escarabajo que ataca a la planta de tomate.
2. Identificamos dicho gen y lo cortamos para  insertarlo en un fragmento más amplio de material genético que servirá de vector. Se le añade otro gen de resistencia a los antibióticos que nos ayudará a identificarlo más adelante.
3. Utilizamos a las bacterias para que nos hagan miles y miles de copias del vector con el transgen ya incorporado, para recubrir unas partículas de oro o tungsteno, que serán los proyectiles de nuestra súper-pistola genética.
4. Se apunta a un fragmento de tejido celular, se dispara y zass la pistola dispara las partículas y sus vectores pegados, a tal velocidad que las células vegetales, muy sufridas ellas,  acaban incorporándolos a su propio genoma (o sea su conjunto de genes propios).
5. Ahora hay que comprobar con cuantas células ha funcionado el sistema. Se cultivan en un medio con un antibiótico determinado. El  gen de resistencia a dicho antibiótico que incorporamos antes hará de chivato, ya que solo  las células que hayan asimilado correctamente el vector serán capaces de crecer.
6. Esas células pasan a otro medio que las permita crecer y transformarse en plantas de nuevo. Y voilá, ya tenemos nuestra planta transgénica. Ahora solo toca reproducirla y hacerla pasar por infinidad de pruebas. Pero eso ya es otra historia.

OGM

A menudo se les llama “organismos genéticamente modificados” o por sus siglas “OGM” A los organismos a los que se les han añadido transgenes, si bien ya hemos visto que este término quizás no es el más adecuado. Por esta razón, a partir de ahora solo utilizaré el término transgénico para referirme a los organismos con transgenes insertados.

Conclusión

En el caso de las plantas de cultivo, nos interesan genes que den mayores rendimientos más altos, calidades mejores y resistencias. Combinar varias de estas características en una sola planta es un proceso largo y difícil con los métodos actuales disponibles de mejora genética digamos “convencional”.

La ingeniería genética es un poderoso instrumento que permite lograr los mismos objetivos, pero de una manera más rápida y económica.  Pero no podemos olvidar que se consigue a costa de alterar la constitución genética de los seres vivos. Por este motivo, los beneficios deberían evaluarse frente a los potenciales riesgos que esto pudiera implicar.

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