¿Te has parado a pensar qué comió la gallina que puso los huevos que tomaste de cena? Desde aquí te aseguramos que no «se les echa cualquier cosa» como a veces dicen algunas personas.
El pienso es mucho más la comida de los animales. Para asegurar la correcta alimentación de todas las especies que conviven con nosotros, los expertos poseen conocimiento y herramientas realmente sofisticadas para combinar las materias primas necesarias para confeccionar el mejor menú del día posible para los animales.
En esta entrada veremos qué tipos de piensos existen, cómo se formulan para adaptarse a las distintas especies y unas cuantas curiosidades. ¿Empezamos?
¿A qué llamamos pienso?
Según la abundante normativa de la Unión Europea (si, este tema está mucho más regulado de lo que te imaginas) el pienso se define como «cualquier sustancia o producto, incluidos los aditivos, destinado a la alimentación por vía oral de los animales, tanto si ha sido transformado entera o parcialmente como si no».
Por tanto, incluimos desde un saco de maíz para las gallinas, pasando por el pienso para gatos alérgicos hasta la comida para peces. La composición y la presentación de los piensos va a depender mucho del tipo de animal, obviamente, pero también de los objetivos y la manera de funcionar del ganadero.
Lo más práctico para el ganadero (y para cualquier persona) es alimentar a sus animales con un pienso que contenga todos los nutrientes que les permitan mantener una salud adecuada, crecer o reproducirse si ese el objetivo.
Para ello recurre a los piensos compuestos, que se definen como «la mezcla de al menos dos materias primas para piensos», (con aditivos o sin ellos). Hay dos tipos de piensos compuestos,
— El «pienso completo»: debido a su composición, contiene todos los nutrientes necesarios para una ración diaria.
— El «pienso complementario» tiene un contenido elevado de determinadas sustancias pero no es suficiente para una ración diaria, salvo que se utilice combinado con otro pienso o forraje por ejemplo.

Un menú casi a la carta
De la misma manera que no come lo mismo un perro que un periquito, el pienso de un pollo de engorde y el de una vaca lechera no tienen nada que ver. Y de nuevo, de manea parecida a lo que ocurre en nutrición humana, se desarrollan piensos para distintas “etapas de vida” (de iniciación, crecimiento, engorde, lactación, reproducción, etc.).
Los ingredientes
Las vacas, ovejas y cabras son animales rumiantes, cuyo sistema digestivo es una especie de tanque de fermentación en el que las bacterias transformarán material vegetal (fresco o seco) en nutrientes básicos. Por tanto, su pienso debe incluir una importante cantidad de fibra.
El cerdo, el caballo y el conejo son monogástricos, es decir tienen un solo estómago, similar al humano. Su dieta se basa en cereales (maíz, cebada, triticale, centeno, etc.) y soja, sobre todo en el caso del cerdo, porque aprovechan peor la fibra y necesitan una buena fuente de carbohidratos y proteínas.
Los pollos broiler y las gallinas tienen un aparato digestivo particular: sin dientes pero con buche y molleja. El buche almacena y ablanda el alimento y la molleja lo tritura mecánicamente. Por esta razón el tamaño de partícula y la presentación (harina fina, migaja, pellet) son claves para que puedan aprovecharlo bien. Son además piensos que aportan mucha energía.
Para alimentar a los peces que se crían en granjas de acuicultura el pienso debe flotar o hundirse a un ritmo controlado según la especie. Además, para compensar la vida en el agua, deben tener alta proporción de proteína y grasa. Como muchas especies que se crían en España son carnívoras (dorada, lubina o rodaballo) el pienso incluye gran cantidad de harina y aceite de pescado, obtenido de peces pequeños como la anchoveta peruana. Hoy en día la industria española incorpora cada vez más materias primas vegetales, aunque todavía no se ha conseguido eliminar del todo esa dependencia del pescado salvaje.
La presentación
Como ocurre con casi cualquier tipo de comida, podemos encontrar piensos en distintos formatos. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes, que los hacen más o menos apropiados a la especie a la que se dirigen.
— Harinas/molidos: es la materia prima simplemente triturada. Resulta la opción más económica pero menos manejable.
— Granulados/pellets: los ingredientes se compactan utilizando presión y calor. Son más palatables (más agradables de comer), se desperdicia menos y facilitan el transporte y almacenaje.

— Migajas: son pellets triturados. Se utilizan sobre todo para que las crías (pollitos, lechones) vayan acostumbrándose al pienso.

— Granos enteros / copos: en equinos o rumiantes, a veces se prefiere mantener la estructura física para estimular la rumia.

España es líder en la fabricación de piensos
¿Sabías que nuestro país lidera la producción de piensos compuestos en Europa? Superamos a Alemania y Francia, porque nuestra potente cabaña ganadera (sobre todo de porcino en particular) necesita una industria de alimentación animal para alimentarla.
Así, la producción de pienso ofrece una buena radiografía de la importancia de distintos grupos de animales en nuestro país. Aunque las mascotas no son animales de producción, también hay que darles de comer y suponen un segmento muy importante, ya que casi la mitad de los hogares (entre el 49% y el 53%) convive con al menos un animal de compañía.

Los aditivos son mucho más que «extras»
Igual que en la comida preparada humana los aditivos cumplen con objetivos variados, los piensos también contienen sustancias que mejoran el resultado final para que los animales reciban la mejor alimentación posible (sana, segura y apetecible).
¿Sabías que los piensos están regulados con el mismo rigor que la alimentación humana? Cada aditivo debe estar autorizado por la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) y registrado antes de comercializarse.
Los aditivos son tan importantes que tienen su propio reglamento, el cual establece una serie de categorías:
— Aditivos organolépticos: ya sea para que el animal acepte mejor del pienso (aromatizantes/palatabilizantes) o para hacer más atractivo el producto final al consumidor. Es el caso de los colorantes para ajustar el color de la yema del huevo (lo contamos aquí) o la carne del salmón de piscifactoría.
— Aditivos tecnológicos: son conservantes, antioxidantes o emulgentes que garantizan la estabilidad y seguridad del producto.
— Aditivos nutricionales: aquí entran las vitaminas, aminoácidos u oligoelementos. Para asegurarse que los animales obtienen a diario todos los nutrientes necesarios.
— Aditivos zootécnicos: mejoran la digestibilidad, la flora intestinal o la eficiencia alimenticia (ej. enzimas, probióticos).
