Cuando nos imaginamos un robot tendemos a pensar en una máquina que se mueve y habla como si fuera un humano. Pero, puestos a comparar sería más bien como un robot de cocina: no se mueve, no habla (o al menos no tiene por qué hacerlo) pero quita muchísimo trabajo tedioso y rutinario.
En este entrada te contamos qué aspecto tienen, cómo funcionan y qué aportan a la granja.
Cómo funciona
Hace no mucho tiempo los ganaderos ordeñaban a mano y la idea de contar con un robot que hiciera esta tarea parecía de ciencia-ficción. Luego vinieron las salas de ordeño, en las que mediante un sistemas de vacío, las pezoneras succionan la leche y esta es enviada a un tanque de frio. Hoy en día, los robots de ordeño, también llamados sistemas de ordeño automatizado (AMS) o voluntario (VMS), están presentes en cada vez más granjas.

Un robot de ordeño no tiene aspecto de robot; es mas bien un habitáculo en el que cabe una vaca. Esta entra cuando desea ser ordeñada, normalmente dos o tres veces al día. El robot la reconoce gracias a un collar identificador y una vez dentro suministra a la vaca algo de pienso concentrado para entretenerla mientras es ordeñada (y para animarla a seguir acudiendo).

El proceso consiste en una serie de pasos: primero un brazo mecánico cepilla, limpia y desinfecta las ubres. Acto seguido, otro brazo mecánico distinto equipado con sensores láser, coloca las pezoneras y comienza a ordeñar. Cuando el flujo de leche va disminuyendo, la maquina lo detecta, suelta las pezoneras y permite salir a la vaca.

Un ayudante que no se limita a ordeñar
Los robots han venido a revolucionar la manera de trabajar en las granjas lecheras. De hecho, en muchos casos suponen una solución a la falta de mano de obra y de relevo generacional, ya que liberan al ganadero de ordeñar dos veces todos los días del año.
En primer lugar, con un robot se ordeñan entre 60 y 70 vacas al día. Para que os hagáis una idea dejamos unos datos orientativos: una granja mediana con unas 200 vacas en lactación (es decir, produciendo leche) necesitará cuatro robots. En una granja con sistemas de ordeño tradicional, para el mismo número de vacas son necesarias una o dos dos personas trabajando en la sala, y a menudo una tercera que las dirige a la zona de ordeño. Así, se puede decir que el robot hace el trabajo tanto de los operarios de la sala de ordeño.
Pero no se acaba ahí sus tareas. Cada vaca lleva un collar identificador electrónico que almacena todo su historial: edad, litros de leche que produce, estado de salud, tratamientos veterinarios recibidos, etc. El robot lee esos datos y actúa en consecuencia: por ejemplo no dejándola entrar si ha sido ordeñada más de tres veces. Además, el robot envía los datos de la cantidad de leche obtenida en cada ordeño al collar de cada vaca y a un sistema informático. También es capaz de detectar si hay principio de mastitis (infección de las ubres) e incluso, en sistemas más sofisticados instalados en granjas grandes, mandar a esa vaca a la enfermería mediante un sistema de puertas selectoras.
De esta manera, el ganadero puede conocer mucho mejor a todas las vacas del rebaño y tomar mejores decisiones que ayudan a aumentar la productividad y rentabilidad de la granja.
Mayor bienestar animal
Es posible que al eliminar el factor humano haya quien piense que la granja se convierte en una especie de fábrica, un lugar ajeno a la naturaleza y hasta distópico. Pero resulta que las vacas se adaptan bien e incluso aumenta su nivel de bienestar.
En primer lugar, ya lo hemos dicho, las vacas entran voluntariamente, lo que mejora su comodidad. No están sometidas a horarios rígidos de ordeño, aunque es cierto que el propio funcionamiento de las ubres también marca unos tiempos (como sabrán las madres que han practicado la lactancia) y una vez llena, la ubre manda.

Otra ventaja es que el robot realiza su trabajo siempre igual: conecta las pezoneras a las ubres de manera rápida y suave a la vez, sin perder precisión. No tiene días malos, como puede ocurrir con las personas. Esto reduce estrés en la vaca y en consecuencia favorece el flujo de leche y la salud de ubre.
También es cierto que los primeros robots no eran tan rápidos y eficaces y costaba más ordeñar las vacas con ubres irregulares. Tecnología y mejora genética han evolucionado para optimizar el proceso de ordeño.
Con el robot, el trabajo en la granja cambia completamente
Posiblemente el factor que más está influyendo en la instalación de robots de ordeño es la falta de mano de obra. No conviene engañarse, ordeñar a diario es un trabajo muy poco atractivo y para muchas granjas supone un problema encontrar (y mantener) operarios.
Con un robot el ganadero ya no es tan esclavo de horarios rígidos y no necesita tantas personas trabajando en la granja. Lo cual no significa que no tenga que estar pendiente de si hay problemas con las máquinas: si se ha dañado alguna parte, se agotan los productos de limpieza para las ubres, una vaca no ha entrado en todo el día para ser ordeñada u otra se queda encerrada, por poner algunos ejemplos.
En esos casos el robot avisa al teléfono móvil del ganadero, si puede lo solucionará personalmente y si no avisará al servicio técnico.
La importancia del servicio técnico y el distribuidor
Un robot trabaja ininterrumpidamente las 24 horas del día, los 365 días del año, lo que hace que una avería pueda llegar a suponer una emergencia: un ganadero no puede permitirse esperar horas a que venga el técnico ya que las vacas tienen que ser ordeñadas si o si.
El ganadero necesita que el técnico venga pronto y sea capaz de arreglar el problema allí mismo. Así, contar con un servicio técnico de confianza es un punto tan crítico que a menudo hace que la red del distribuidor llegue a ser más importante que la propia marca. Obviamente, este servicio se paga, y no barato.
Perspectivas de futuro
Aunque todavía son mayoría las granjas con sistemas de ordeño convencional los datos no dejan lugar a dudas: cada vez más granjas optan por el robot, tanto las que sobreviven a los nuevos tiempos (en los que obtiene un margen de beneficio muy escaso a cambio de trabajar muy duro) y las que se crean nuevas. En países de nuestro entorno la mayoría de las nuevas instalaciones ya cuentan con robots y España camina en la misma dirección.
Así, el robot de ordeño ha dejado de ser un invento del futuro para convertirse en una herramienta del presente.