En una entrada anterior explicamos en qué consistía la ganadería extensiva y ahora es el turno de su contraparte, la ganadería intensiva, responsable principal de alimentar a diario a gran parte de la población. Por esta razón es importante conocer bien sus características.
En nuestro país todavía quedan muchas granjas que se podría decir que están en un punto medio entre ambas, por lo que reciben el nombre de semiextensivas o semiintensivas. Sin embargo, resulta fácil identificar una granjas intensiva típica, ya que tiene una serie de rasgos propios que excluyen los puntos intermedios. Se puede decir que casi para cualquier especie animal tenemos un formato estándar de granja intensiva, y os los vamos a mostrar en esta entrada
¿Qué caracteriza a la ganadería intensiva?
Este tipo de ganadería concentra a los animales en un espacio delimitado. Aunque hay granjas que tienen corrales al aire libre son quizás más características las instalaciones cerradas a cal y canto. Por tanto, el hombre tiene que suministrar a sus animales todo el alimento (en unas proporciones muy estudiadas, que permanecen constantes a lo largo del año) y el agua necesarios para vivir. Tiene también que ocuparse de eliminar periódicamente todos los excrementos y que el ambiente en el que vivan los animales (temperatura, humedad y calidad del aire) sea el adecuado.
Mayor producción
Como los animales se mueven mucho menos y el alimento que reciben es más energético y rico en proteínas, crecen más rápido. Si a eso le añadimos que a menudo pertenecen a razas mejoradas para aprovechar al máximo estas ventajosas* condiciones, el resultado es una mayor producción de carne, leche o huevos por animal, por unidad de superficie o incluso por horas de trabajo dedicado. Y son precisamente estos factores los que permiten que estos productos resulten mucho más baratos para el consumidor.
(*ventajosas desde el punto de vista que le dan a los animales todo hecho; es importante matizar esto)
Facilidades en el manejo
Y es que, al concentrar a los animales en un espacio delimitado, muchas tareas son menos pesadas o directamente se pueden automatizar: la alimentación, el ordeño o la limpieza.
Los animales que viven en este tipo de granjas están muy protegidos frente a las amenazas de la fauna silvestre. Claro está, aquí el problema está en los virus y bacterias que se transmiten con mayor facilidad entre animales que viven juntos en un menor espacio. En cualquier caso, dado que la entrada de cualquier agente patógeno puede tener consecuencias desastrosas, a este tipo de granjas se les exige un plan de bioseguridad.
¿Sabías que entre un 80 y un 90% de los productos que consumimos proceden de ganadería y agricultura intensiva?
Galería de la ganadería intensiva en España
Una vez vistas las principales características, vayamos especie por especie. Por cierto, muchas de las imágenes que mostramos lo mismo podrían ser de España o de cualquier país europeo, ya que este tipo de producción es prácticamente igual en cualquier lugar, como si fueran una franquicia de comida rápida.
Gallina de puesta
Aunque todavía hay granjas que tienen a las gallinas viviendo en jaulas, ahora se lleva más la gallina en suelo. Eso quiere decir que las gallinas tienen libertad de movimientos, eso sí siempre dentro de una nave. El aseladero para dormir, el bebedero y el comedero, el “nido” para poner el huevo que antes tenían al alcance del ala, ahora lo tienen recolocado en la nave, por lo que tienen que moverse un poco más. El suministro de pienso y agua e incluso la recogida de huevos está completamente automatizado.
Pollo (o pavo) de carne
El concepto es muy parecido al de las gallinas en suelo. Un montón de animales viviendo dentro de una nave en la que se pueden mover con cierta libertad, en la que la alimentación, el agua de bebida y la climatización están totalmente automatizadas. En este tipo de granjas el pollo “broiler” es el rey, una raza muy mejorada para alcanzar los dos kilos y pico de animal (sobre todo pechuga) en poco más de un mes. Puedes saber más en esta entrada.

Conejo
Hasta donde sabemos, el conejo se ha criado siempre en intensivo, lo que pasa es que era un sistema muy “doméstico”. Antiguamente, la gente los tenía en una jaula en el patio o la bodega y les daba de comer las sobras e incluso pienso. Ahora siguen viviendo en jaulas, pero en granjas especialmente adaptadas a la cría de este animal. Puedes ver cómo es una granja de conejos por dentro en esta entrada.

Cerdo
La inmensa mayoría de los productos de cerdo que consumimos proceden de este tipo de granjas. Algunas se dedican solo a criar los lechones hasta cierta edad y otras los engordan hasta el sacrificio; aunque también hay granjas grandes que llevan a cabo las dos fases de la producción de carne de cerdo. Las instalaciones cambian un poco según el caso, pero tienen características comunes: suelen estar cerradas al exterior aunque disponen de luz natural, la alimentación y el suministro de agua están automatizada y disponen de un complejo sistema de gestión de los residuos y climatización interna para que los cerdos no pasen frio ni calor.
Vacuno de carne
Los cebaderos de vacas reciben sobre todo terneros procedentes de la ganadería extensiva y los alojan en corrales, agrupándolos según su edad. Estos corrales pueden estar más o menos cubiertos y hay comederos y bebederos comunes y suficientes para que los animales coman tranquilos. Al igual que en el patio del colegio, los terneros jóvenes establecen sus jerarquías y el ganadero tiene que vigilar que estén todos bien.
Vacuno de leche
Hoy en día lo normal es que las granjas de leche funcionen como sistemas intensivos. A partir de un número determinado de animales (pongamos 100) el sistema es siempre el mismo: las vacas permanecen en corrales de descanso con acceso libre a zonas de alimentación, poseen una sala de ordeño bastante tecnificada, las vacas jóvenes o que están en su mes de “vacaciones” están en corrales distintos y casetas para terneros. Hemos hablado mucho de granjas de leche en este blog, mira aquí si quieres ver cómo funcionan con más detalle.
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