restos de cascaras de frutos secos

LA ENERGÍA QUE VIENE DEL CAMPO, MÁS ALLÁ DE LAS PLACAS Y LOS MOLINOS

Más allá de las placas solares y los molinos, el campo puede generar energía a partir de lo que antes eran residuos: restos de poda, purines, huesos de aceituna o subproductos agroalimentarios se convierten en calor, electricidad y biocombustibles.

En este blog habitualmente hablamos de cosas que produce el campo —principalmente elementos físicos como alimentos o fibras—. Pero en esta ocasión vamos a centrarnos en algo que no se puede ver ni tocar pero es imprescindible en nuestra vida diaria: la energía.

Y, aunque muy probablemente estéis pensando en placas solares y molinos de viento, en esta entrada vamos a hacer un breve repaso por otras maneras de obtener energía mucho más ligadas al territorio y las actividades que se realizan en él.

En otras palabras, cómo pueden las explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales contribuir a la generación de energía. Y lo que es mejor, a menudo a partir de elementos que hasta hace nada eran considerados residuos.

Energías renovables al alcance de la mano

España tiene tierra, viento y sol, ingredientes necesarios para apostar en serio por las energías renovables. Estas son un elemento clave en el proceso de transición energética, que nos permitirá afrontar desafíos globales como el cambio climático, la contaminación atmosférica y la seguridad energética.

Cada vez hay más placas solares en los tejados de las ciudades. También es cada vez más habitual ver desde las carreteras enormes manchas negras, formadas por miles de placas fotovoltaicas, sobre superficies que hasta hace no mucho eran agrícolas. Por no hablar de las baterías de molinos de viento que coronan lomas y cerros o dispersos por los páramos. Cabe preguntarse si son suficientes para alimentar a una sociedad cada vez más ávida de energía, y si el propio medio rural realmente se beneficia de ellos.

Afortunadamente, en nuestros campos, y en las explotaciones agrarias que se encuentran en ellos, se genera un elemento cada vez más valioso en el ámbito de las energías renovables: la biomasa. No en vano, en España se encuentra la mayor superficie de olivar del mundo, tenemos el mayor viñedo de Europa y somos el principal productor de porcino de Europa (y tercero del mundo tras China y Estados Unidos, que se dice pronto).

Y lo mejor de todo es que a menudo esta biomasa corresponde a residuos que se generan a diario o de manera periódica: como restos de poda y cultivos, purines y estiércoles o la enorme variedad de subproductos de la industria agroalimentaria.

La biomasa:energía solar acumulada en los seres vivos

Comencemos por definir qué es exactamente la biomasa. La Directiva (UE) 2018/2001 sobre el Fomento de Uso de Energía procedente de Fuentes Renovables, que la describe de la siguiente manera: «la fracción biodegradable de los productos, residuos y desechos de origen biológico procedentes de actividades agrarias, incluidas las sustancias de origen vegetal y de origen animal, de la silvicultura y de las industrias conexas, incluidas la pesca y la acuicultura, así como la fracción biodegradable de los residuos, incluidos los residuos industriales y municipales de origen biológico».

Es decir, partimos de una gran variedad de elementos biológicos que han ido acumulando la energía del sol a lo largo de la cadena trófica: la energía del sol hace crecer la planta, el herbívoro la come y excreta las partes no digeribles, el carnívoro come al herbívoro. En otras palabras, esa energía solar al final acaba, por poner varios ejemplos, en forma de: restos de poda, cáscaras de frutos secos, restos de serrerías, estiércol de vaca o sueros lácteos procedentes de una fábrica de quesos.

Tenemos por tanto una fuente de energía renovable que se genera en un período de tiempo corto (comparada con los millones de años de los combustibles fósiles) y regular. Posteriormente, mediante distintos procesos de transformación, esta energía se libera, obteniendo calor, electricidad o energía mecánica.

De esta manera, gracias a la tecnología, hemos pasado de considerar los residuos como un problema a verlos como un recurso que puede tener todavía un valor añadido. Pero para lograrlo, estos deben estar bien separados, caracterizados, clasificados y controlados, ya que cada uno tiene unas características que lo hacen más apto para distintos aprovechamientos.

Otro aspecto a tener en cuenta es que tener biomasa no es lo mismo que poder usarla. El recurso tiene que ser accesible y su recogida, rentable. Por ejemplo: los restos agrícolas son mucho más baratos de obtener que los cultivos herbáceos para biocombustibles.

A continuación os mostraremos varios ejemplos que ya han demostrado su solvencia.

Biomasa agrícola

Olivares y almazaras

El sector del olivar es un buen ejemplo de bioeconomía circular por varias razones. Hay mucha superficie dedicada a este cultivo y tiene asociado un sector industrial cercano que puede utilizar fácilmente los abundantes subproductos que el mismo produce y que tienen una gran aptitud energética.

El olivar estar presente en gran parte de nuestro territorio, en 13 Comunidades Autónomas, particularmente Andalucía (60% de la superficie), Castilla-La Mancha y Extremadura.

Los subproductos susceptibles de valorización energética (es decir de su aprovechamiento como fuente de energía) son el orujo, orujillo, el hueso de aceituna, la hoja de almazara y los restos de poda de los olivos.

Hueso de aceituna como combustible en la almazara
El hueso de aceituna es un combustible excelente para usos térmicos, tanto en el sector industrial como doméstico y residencial: es fácil de manejar, su combustión emite pocas partículas y no huele. Muchas almazaras tienen calderas que utilizan el hueso de aceituna para su propio funcionamiento.

Residuos agrícolas variados

Podemos citar por ejemplo: tallos secos (cañote) del girasol, restos de poda de vides y frutales o restos de hortícolas de invernadero (las plantas una vez finalizado el ciclo y los frutos descartados) o incluso la paja de cereales.

Sus características y su gestión son tremendamente distintas entre sí, como para entretenerse en enumerarlas. Solo quedaros con que una de sus utilidades es servir de materia prima en las plantas de biometano, que veremos más adelante.

Restos vegetales de invernadero
Una vez acaba su vida útil, todas las plantas de tomate, pimiento o calabacín antes acababan en el vertedero, ahora se compostan o van a la planta de biogas.
Fuente de la foto.

Subproductos de la industria agroalimentaria

Este grupo de “materias primas” es más variado incluso que el anterior y tiene varias ventajas: se generan de manera regular (a lo largo de todo el año o en temporadas específicas) y en cantidades importantes, sus parámetros (humedad, composición quimica, pH, etc.) están bastante controlados y suelen ser bastante homogéneos. Además, su producción está concentrada en las fábricas (no es necesario transportarlas desde cada explotación, como en el caso anterior) lo cual abarata mucho su uso.


Aquí os dejamos unos ejemplos de industrias y sus subproductos para que os hagáis una idea.

  • Molturadoras de semillas para obtención de aceite: cascara de girasol.
  • Arroceras: cáscara de arroz.
  • Residuos vegetales obtenidos tras la elaboración de zumos y conservas.
  • Industrias cárnicas y mataderos: residuos cárnicos no MER (Materiales específicos de riesgo, restos de sistema digestivo y nervioso de los animales que se incineran directamente).
  • Conserveras de pescado: residuos de pescado.
  • Cerveceras: bagazo de cerveza.
  • Industria del vino y alcoholeras: hollejo, uva, orujos, otros.
  • Industria de frutos secos: cáscara de frutos secos. Como la de la foto de portada.
  • Desmotadoras: residuos de algodón.
  • Fábrica de corcho: residuos del corcho.
Cáscara de arroz
Cáscara de arroz. Fuente CC BY-SA 3.0

Las plantas de biogás son como un estomago muy agradecido (pero delicado)

El biogás se produce cuando la materia orgánica se descompone sin oxígeno en un digestor, a través de un proceso conocido como digestión anaerobia. Las materias primas ideales son purines y estiércoles, a los que se añaden restos vegetales y subproductos de la industria alimentaria. El resultado es un gas rico en metano (presente en un 50% -70%) que puede quemarse para generar electricidad y calor, o depurarse hasta convertirse en biometano. Este tiene propiedades equivalentes al gas natural y, por tanto, es inyectable en la red o utilizable como combustible.

Este proceso deja además un subproducto, el digerido, que se puede utilizar y vender como fertilizante si cumple una serie de requisitos marcados por la normativa europea. Tenemos por tanto un ejemplo perfecto de economía circular: la granja resuelve la gestión de sus residuos, produce energía y recupera nutrientes para el suelo.

Mientras que en Europa ya hay instalaciones 725 inyectando biometano a la red, en España el desarrollo está siendo más modesto. En la foto, una instalación de biogás en una granja ecológica de vacas de leche en Dinamarca. Según nos contaron los propietarios, era una fuente de ingresos equiparable a la propia leche.

Eso si, conviene tener en cuenta que un digestor de biogás no es un cubo de basura gigante. Algunos técnicos lo comparan con un sistema digestivo, en el que conviven una enorme variedad de microorganismos que forman un ecosistema complejo. La tarea, no siempre fácil, consiste en alimentarlo en base a todos estos “ingredientes” citados de una manera equilibrada para que los microorganismos encuentren siempre alimento y unas condiciones de vida adecuadas. De esta manera el reactor puede funcionar, y por tanto generar biogás de manera continua.

Cultivos energéticos para la elaboración de biocarburantes

Este tipo de cultivos tienen dos características principales que los hacen idóneos para este uso: su alta productividad (producen mucha biomasa aprovechable) y la elevada rusticidad (se adaptan sin problema a terrenos marginales, son resistentes a la sequía y las enfermedades, rebrotan con facilidad, etc). En definitiva, son cultivos que dan mucho más de lo que reciben: mucha biomasa con poco trabajo, abonos, agua o cuidados en general.

Este tipo de cultivos se pueden clasificar en función de su naturaleza (herbáceo o leñoso), del ciclo (anual o plurianual), o del tipo de aprovechamiento energético:

Dentro de los cultivos con los que se elaboran biocarburantes líquidos tenemos:

— Cultivos oleaginosos para la producción de biodiésel. Aquí encontramos variedades mejoradas para este objetivo de colza, el girasol, la soja y palma.

— Cultivos alcoholígenos para la producción de etanol, que se utiliza en sustitución total o parcial de las gasolinas. Destacan los cereales, la remolacha y la caña de azúcar entre los cultivos clásicos y la pataca (Helianthus tuberosus) y el sorgo azucarero (Sorghum bicolor) como cultivos alternativos.

cultivo de sorgo azucarero
Aparte de utilizarse como alimento, pienso, forraje, combustible y fibra, el sorgo dulce ha comenzado a cultivarse para su uso como biocombustibles. Fuente.

Por otra parte tenemos los biocombustibles sólidos, que se obtienen a partir de cultivos lignocelulósicos de especies leñosas (Pawlonia, eucaliptos, acacias o chopos) y herbáceas como el cardo (Cynara cardunculus). Aunque no son exactamente cultivos, aquí podemos incluir la biomasa forestal, en forma de residuos forestales procedentes de bosques y serrerías (astillas, serrin) y productos derivados como resinas y gomas.

Estos pueden ser utilizados para obtener electricidad o más habitualmente calor: desde estufas individuales hasta grandes calderas comunitarias o para conjuntos de edificios.

¿Sabías que España es el tercer país europeo en recursos absolutos de biomasa (solo por detrás de Suecia y Finlandia)?

Combustible hecho a partir de microalgas

Realmente, una granja de microalgas se puede ubicar en cualquier lado, pero las citamos aquí porque tienen un alto potencial para la producción de biocombustibles. Hay tres motivos de peso: su capacidad para producir biomasa de manera rápida y eficiente, su producción no compite con los recursos alimentarios y ayuda a reducir la concentración de CO2 en la atmósfera. El problema: la alta inversión necesaria para poner en marcha una planta.

En definitiva

El avance de las energías renovables es imparable y, más allá de placas y molinos, los sectores productores del campo tienen mucho que aportar.

Las soluciones basadas en residuos agrarios, ganaderos y agroindustriales tienen varias ventaja que no tienen los grandes parques: se quedan en el territorio, resuelven problema de gestión (particularmente peliagudo en el caso de los residuos ganaderos) y generan actividad local.

Obviamente no son soluciones mágicas, ya que tienen propias limitaciones (recurso disponible, costes, regulación, escala) que no las hemos contado pero hay que tenerlas en cuenta. Simplemente, quedaros con esta idea: el campo no solo alimenta, también la casa nos calienta.

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