En esta ocasión vamos a retomar una palabra antigua, porque también es interesante conocer nuestro amplio patrimonio histórico y cultural relacionado con las actividades agrícolas y ganaderas en nuestro país.
¿Qué significa zahurda?
El principal significado de esta palabra es pocilga. Otros sinónimos que se utilizan para referirse al alojamiento de los cerdos son: cochiquera, porqueriza, gorrinera o chiquero.
Hoy en día apenas se utiliza la palabra zahurda. Ni siquiera para referirse a un lugar o una vivienda pequeña, desordenada y sucia. Lo que venía a ser un tugurio, un cuchitril, o un antro.
Se trata de una palabra bastante antigua —se documenta desde comienzos del siglo XIV— y de origen incierto. Las ediciones antiguas del diccionario de la RAE apuntaban a un origen germánico, pero hoy se cree que está relacionada con un antiguo verbo cruce entre «hurgar la tierra» y «ahondar la tierra» y la palabra portuguesa «chafurda» (cenagal, revolcadero de cerdos).
Un elemento del paisaje de la dehesa
Las zahurdas son un ejemplo de arquitectura ganadera, funcional y modesta, construida con los materiales que ofrecía el propio terreno. En este caso su finalidad era dar cobijo a los cerdos ibéricos cuando permanecían en la dehesa mientras duraba la montanera (en esta entrada te explicamos ese concepto).
Se trataba de unas construcciones muy sencillas, pensadas para recoger a la piara de cerdos durante la noche. Los muros se levantaban con la técnica de piedra seca (es decir sin unirlas con argamasa) y se cubría el conjunto con una falsa bóveda. Que en muchos casos se recubría con tierra.

Normalmente las zahurdas estaban provistas de una cerca que delimitaba un pequeño patio, para que los cerdos tuvieran acceso al aire libre. En dos importantes conjuntos históricos se sabe que existía un árbol en el cercado, el cual proporcionaba sombra y alimento a los animales.
Cerca de las zahurdas solía construirse un chozo como vivienda temporal para el pastor o porquero. Era un pequeño edificio circular de paredes de piedra cerradas formando una falsa bóveda. Tenían dos pequeños huecos en la pared, que hacían el papel de ventanas y servían principalmente para vigilar el ganado y facilitar la ventilación. Su interior era muy austero, podían contar con una alacena o estantería empotrada para almacenar alimentos, una estaca para colgar algún chorizo y poco más.
¿Dónde se pueden ver zahurdas?
Dado que es una construcción típica de la dehesa, tendremos que dirigirnos a las zonas rurales de Extremadura, Andalucía y Castilla y León donde tradicionalmente se cría el cerdo ibérico (ya que dehesas como tales podemos encontrar en más lugares).

El conjunto de dos zahurdas unidas por un patio que ilustra la entrada está en plena dehesa de Pozoblanco (Córdoba). Este municipio ubicado en el valle de los Pedroches, que junto con la Sierra de Aracena (Huelva), son las principales zona de dehesa en Andalucía.
Un legado que nos habla de otras condiciones de vida
Hoy en día, muchas de esas construcciones se conservan en un estado precario, olvidadas entre encinares y muros de piedra que ya nadie repara. Ya no se utilizan porque porque tenemos sistemas de alojamiento mucho más fáciles de limpiar y automatizar. Esto es posible gracias a los adelantos tecnológicos, nuevos materiales y acceso a la energía y agua necesarios para implementar las mejoras.
En cualquier caso, es posible que los cerdos estuvieran bastante a gusto en las zahurdas antiguas, considerando que sus constructores las edificaron bien a conciencia (en cuanto a orientación, grosor de los muros y del techado) con los materiales que tenían a su alrededor.
Recuperar la palabra es también una forma de mirar con otros ojos ese patrimonio etnográfico ligado a la ganadería extensiva: un legado discreto pero que también merece que lo cuidemos.