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EL IMPACTO DE LOS ORGANISMOS TRANSGÉNICOS EN EL MEDIO AMBIENTE. ¿QUÉ SABEMOS?

 A menudo surgen noticias que empiezan por “un estudio” o contienen la palabra “científicos”, como si ya solo con mencionarlos se mostrara una verdad verdadera e intocable. Y muy a menudo, dichas noticias ignoran que los autores de dichos “estudios” apuntan a la necesidad de investigar más sobre el tema; que lo que dicen es una sospecha, una hipótesis, una idea sobre la que trabajar. Así funciona y así avanza la ciencia.


¿Y a cuento de qué viene este rollo? Pues que voy a empezar esta entrada haciéndome “spoiler”, así, directamente. La conclusión a casi cualquier planteamiento acerca del impacto de los OGM en el medio ambiente es “hace falta investigar más y hacer un seguimiento de lo que pasa”. Pero si os interesa conocer por dónde van los tiros y de una manera lo más imparcial posible, os animo a seguir leyendo esta entrada, que he organizado en cuatro ideas principales.

 

¿Sabías que en 2015 se cultivaron a escala global 53.6 millones de hectáreas de maíz genéticamente modificado, lo cual representa algo menos de un tercio del maíz cultivado en el mundo?. Fuente: Albrecht Fietz en Pixabay

 

Idea nº1: Se han identificado efectos, directos e indirectos, derivados del uso de cultivos modificados genéticamente.

Comencemos por efectos directos, que aquí está el meollo de la cuestión.  

El que primero viene a la cabeza por la propia naturaleza de los OGM es la transferencia de genes “extraños” (es raro que aparezca de manera espontánea el gen de una bacteria en una planta) a parientes silvestres o a otros cultivos convencionales. Considerando que, durante milenios, especies silvestres y cultivadas han compartido genes, es razonable pensar que pase lo mismo con los cultivos transgénicos. Y efectivamente así ocurre, pero la posibilidad de que esto ocurra dependerá de la tendencia de los diferentes cultivos a compartir genes y de que haya cerca parientes silvestres sexualmente compatibles.  

 

Algunos rasgos transgénicos típicos – resistencia a plagas o enfermedades, a herbicidas, a sequía o salinidad – a priori podrían proporcionarle al nuevo organismo híbrido transgénico/silvestre una ventaja competitiva sobre la población silvestre. En este documento de la FAO de 2004 (puede parecer antiguo, pero los transgénicos se comenzaron a utilizar en los años 90) se afirmaba que hasta aquel momento había pocas pruebas de que eso ocurriera o que tuviera consecuencias ambientales. Pero claro, estamos en 2020, lo que podría considerarse el largo plazo. Según este documento de 2015, elaborado por un centro noruego de investigación en bioseguridad, las cosas no están tan claras, hay muchas lagunas de conocimiento y faltan datos.

 

Esta hierba, Alloteropsis semialata, roba ADN a sus vecinos, entre ellos cultivos de arroz y maíz. Aquí puedes descubrir más, y aquí el artículo científico original. Fuente: Marjorie Lundgren

 

Si aún se carece de datos sobre la idoneidad del uso transgénicos sencillitos para evaluar su riesgo ambiental, como para atreverse con los “multistack” (a los que se le han añadido varios transgenes). La falta de datos hace difícil evaluar el nivel de expresión de proteínas u otros productos en los organismos multitransgénicas. Además, tampoco se comprende con suficiente profundidad la complejidad de los ecosistemas ni cómo los factores ambientales pueden afectar a la expresión de estos transgenes.

 

Visto a corto plazo, es evidente que si un cultivo transgénico resistente a herbicidas va regalando ese preciado gen a hierbas silvestres vecinas, va a causar seguro quebraderos de cabeza a los agricultores. A menudo se ha argumentado que ese gen (u otros que solo interesen al hombre) son a priori inocuos desde el punto de vista ambiental. Un híbrido resistente a un herbicida concreto sólo será competitivo en presencia de ese herbicida. Pero, ¿qué puede ocurrir con los híbridos resistentes a plagas o a estrés ambiental si cambian las condiciones ambientales? Considerando que los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, ¿podrían convertirse estos híbridos en plantas invasoras?. Desde luego que esto no sería nada positivo para la diversidad biológica. En fin, bienvenidos a la incertidumbre.

El segundo efecto directo que también preocupa es el impacto que puedan tener algunos rasgos en especies no objetivo. El ejemplo más habitual son las toxinas Bt (procedentes del Bacillus thurigiensis) que ayudan a combatir varias especies de insectos que a menudo se convierten en plaga. El problema es que ya se han observado efectos indeseados sobre especies inofensivas para los cultivos que además sugieren que estas toxinas posiblemente sean menos específicas de lo que se dijo en su momento. 

El desconocimiento sobre el alcance de estos efectos indeseados de la toxina Bt puede deberse a dos causas: en primer lugar que las pruebas de seguridad se hacen con toxinas producidas por las propias bacterias, no con la que fabrica la propia planta y en segundo lugar, que es posible que dicha toxina actúe de otras maneras; pero, de nuevo, apenas hay estudios que ofrezcan información al respecto.  

 

Así que la primera lección aprendida es que hace falta elaborar mejores métodos para estudios ecológicos sobre el terreno, para saber con exactitud lo que ocurre cuando el gen se expresa digamos “en la vida real”.

 

Durante un tiempo se acusó a los cultivos de maíz transgénico del declive de la mariposa monarca, en base a un artículo sobre un estudio de laboratorio difícilmente extrapolable a lo que ocurría en el campo. Puedes encontrar más información aquí. Fuente: Kenneth Dwain Harrelson, CC BY-SA 3.0, 

 

Vista la incertidumbre sobre el impacto de este efecto directo, los científicos consideran necesario evaluar los efectos ambientales caso por caso y recomiendan hacer un seguimiento ecológico para detectar efectos no previstos. Que realmente esto se haga hoy en día de manera sistemática, sinceramente, tengo serias dudas.

 

Idea nº2: Los efectos indirectos están ligados a las prácticas agrícolas que se lleven a cabo. Y no tienen por qué ser necesariamente malos o peores que cultivos convencionales.

 

El impacto dependerá en muchos casos del tipo de cultivo y de las prácticas agrícolas que se lleven a cabo. En general, los partidarios los cultivos genéticamente modificados suelen argumentar que su uso permite llevar a cabo prácticas agrícolas más sostenibles: principalmente menos aplicaciones de productos fitosanitarios y menos laboreo del suelo. De hecho, el documento de la FAO antes mencionado señalaba que el empleo de cultivos transgénicos Bt está reduciendo el volumen y la frecuencia del empleo de insecticidas en maíz, algodón y soja. Esta reducción obviamente beneficia a la biodiversidad dentro del cultivo GM, frente a uno convencional en el que es posible que se utilicen fitosanitarios de amplio espectro (muy poco selectivos a la hora de matar bichos, dicho en castellano). Pero nadie asegura al propietario de un cultivo OGM que aparezca otra plaga a la que su cultivo está indefenso que le obligue a aplicar otro producto fitosanitario. 

 

Respecto al empleo de herbicidas, se ha producido un cambio notable, ya que ahora utilizan herbicidas menos tóxicos, pero en mayor cantidad. La preocupación principal es cómo puede afectar este aumento a la biodiversidad de los ecosistemas agrarios. El problema es que no resulta sencillo evaluar los efectos ambientales del uso de plantas transgénicas tolerantes a herbicidas y faltan datos relativos a la acumulación de herbicidas en estas plantas.  

 

Por último, no deberíamos olvidarnos de los nuevos cultivos capaces de tolerar situaciones de estrés ambiental como sequía o suelos con demasiada sal o aluminio. Estas nuevas generaciones de OGM podrían ser tremendamente útiles en la adaptación de la agricultura frente a los efectos del cambio climático. Además permitirían cultivar suelos baldíos, lo cual puede ser beneficioso o perjudicial para el medio ambiente según el cultivo, el rasgo y el ambiente. De nuevo estaríamos ante un asunto que depende más del ser humano que si el cultivo es OGM o no. 


Los invernaderos en Almería por ejemplo han permitido obtener tremendas cosechas de hortalizas (ninguna OGM, por cierto) en una zona originalmente árida y de suelos pobres y salinos, donde cultivar cualquier cosa era toda una proeza. Para sus habitantes humanos ha sido un logro económico y social importantísimo, pero las diversas especies que formaban parte de la comunidad de matorrales halófilos mediterráneos y termoatlánticos (Sarcocornetea fructicosae) que crecían en torno a las lagunas de la albufera de Adra han corrido peor suerte. Gracias a la Directiva Habitats y a la declaración de una reserva natural se libraron por los pelos de ser literalmente engullidos por los invernaderos. Entonces ¿es bueno o malo poder cultivar en cualquier lado?, ahí os dejo el debate. Fuente: Comunidad Rediam

 

 

Idea nº 3. Los animales transgénicos están más controlados. 

 

En primer lugar, no se cría ganado transgénico para producir alimentos, salvo, que yo conozca, el salmon Aquabounty aprobado recientemente para su consumo en EEUU y Canadá.

Lógicamente lo que más preocupa es que estos animales se escapen, pero dado que los pocos animales de granja transgénicos que existen (criados con fines médicos) son muy valiosos, se mantienen en entornos muy controlados.

Sin embargo, en el caso de los salmones de acuicultura criados en jaulas situadas en mar abierto la probabilidad de que escaparan no era nada desdeñable. Para evitar cualquier problema, el salmón transgénico ha tardado nada menos que 31 años en salir al mercado desde que se concibió. Este salmón es más grande que sus congéneres silvestres porque está creciendo y engordando prácticamente durante todo el año, ya que se ha alterado la expresión del gen de la hormona de crecimiento de manera que esté activo cuando hace frío. Entre todas las medidas que se han tomado posiblemente la más efectiva es que los salmones son estériles.

No se trata de una especie doméstica, y a ojos del ser humano lo único que produce son molestias pero…¿qué opinas de soltar mosquitos transgénicos para combatir la malaria? Sólo se liberan machos que duran vivos un suspiro, pero lo suficiente para controlar las poblaciones. Más información en esta entrada. Fuente de la foto: ECDC

 

 

Idea nº 4: Una cosa es identificar impactos y otra muy distinta es constatar que existen. Y ver cómo evolucionan. 

Para garantizar la inocuidad de los alimentos producidos por organismos transgénicos existen procedimientos ya establecidos y un foro mundial impulsado por la Comisión del Codex Alimentarius FAO/OMS donde se elaboran las directrices de inocuidad sobre alimentos en general y transgénicos en particular. Por la cuenta que les trae a empresas desarrolladoras y a gobiernos.

Sin embargo no hay directrices ni normas acordadas a nivel internacional para evaluar el impacto ambiental de los organismos transgénicos. Y claro, es difícil llegar a conclusiones claras cuando, a la hora de hacer un seguimiento posterior al uso de OGM, no está del todo claro, qué y cómo medir, con qué se compara y qué esfuerzo se va a hacer en investigar la existencia (o no) de dichos efectos.

La cuestión de la comparación no es baladí. No es lo mismo comparar un cultivo OGM con los actuales sistemas agrícolas que con datos ecológicos de referencia (por ejemplo de un ecosistema silvestre vecino). Y es que la agricultura, como actividad que se realiza en el medio físico, tiene un impacto mayor a nivel general que lo que pueda suponer pasar de cultivos convencionales a transgénicos. La clave está, de nuevo, en las prácticas agrícolas que se lleven a cabo; puede perfectamente darse el caso que los cultivos transgénicos, al reducir el empleo de fitosanitarios, provoquen bastantes efectos positivos y alguno negativo en los componentes del ecosistema agrario . Al fin y al cabo los ecosistemas funcionan de una manera parecida a la economía: todo está interrelacionado, y cualquier alteración puede tener (o no) un efecto (positivo o negativo) en sus integrantes.

 

 El maíz (Zea mays L.) es el cultivo que tiene el mayor número de eventos GM (digamos “variedades” con uno o varios genes modificados) y es el segundo cultivo con mayor adopción tras la soja. En 2018 se hizo un metaanálisis sobre la literatura científica generada desde 1996 a 2016 (20 años nada menos). Los resultados mostraron una fuerte evidencia de que el maíz GM daba mejores resultados que sus equivalentes convencionales respecto al rendimiento y la calidad del grano – particularmente mostraban una menor presencia de micotoxinas, lo cual es francamente positivo desde el punto de vista de la salud. En general, los organismos no objetivo no se veían afectados salvo un grupo de bichitos que parasitan al taladro del maíz: al matar a la plaga objetivo los pobres bracónidos iban detrás. También mostraron que la descomposición de biomasa en el suelo era mayor en el maíz GM. Fuente: Syngenta.

Estudiar ecosistemas no resulta fácil y tampoco se percibe como vital en nuestra sociedad. Para colmo el interés por saber más acerca del posible impacto se encuentra con otras barreras en el camino. Por una parte no es fácil acceder a material vegetal o datos moleculares que permitan llevar a cabo investigaciones independientes. Y por otra, es importante considerar quién lleva a cabo los estudios, ya que el sesgo de financiación es lo suficientemente relevante. Y esto no lo digo yo, sino los autores del ensayo antes citado cuyos informes se usan como referencia en la página de Bioseguridad ligada al convenio de Diversidad Biológica (es decir, una entidad internacional en principio imparcial).

 

Pero bueno, acabemos en positivo. A pesar de las incertidumbres se han diseñado métodos de gestión y trucos genéticos para reducir al mínimo la posibilidad del flujo de genes. Ya que no se pueden aislar completamente los cultivos GM producidos a escala comercial, se establecen una serie de indicaciones que los agricultores deben seguir de manera obligatoria entre la que destaca la de dejar zonas refugio que separen los cultivos GM de su entorno.  

 

Indicaciones que reciben los agricultores a la hora de establecer las zonas refugio. Fuente.

 

Y esto es todo. Enhorabuena a los que hayáis llegado hasta aquí. Espero haber cumplido con el objetivo, que conozcáis el estado de la cuestión: qué preocupa, porqué, que se sabe y qué se hace.

 

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