La palabra sustrato o substrato (la RAE contempla ambas posibilidades) se utiliza en disciplinas tan distintas como bioquímica, geología, lingüística e incluso filosofía. Para los biólogos es el lugar que sirve de asiento a una planta o un animal fijo: por ejemplo la roca submarina donde crece un coral o la rama de un árbol en la que encontramos varias especies de líquenes. Y para quienes se dedican a cultivar plantas, el concepto es más o menos el mismo, aunque tiene sus matices. Veamos entonces qué es un sustrato para un agricultor.
¿Qué es un sustrato?
Podemos definirlo como un material (o su combinación) que se utiliza para cultivar plantas y que es distinto de los suelos naturales. Ojo al matiz porque es importante.
Puede parecer una palabra muy técnica, pero no es más que el contenido de las macetas del poto, de la orquídea o del cactus que muchos tenemos por casa.
En el mundo agrícola se utiliza sobre todo en la horticultura profesional, concretamente en los invernaderos. Normalmente se recurre a los sustratos cuando no hay disponible un suelo natural o este no reúne las características mínimas como sostener un cultivo: por ser demasiado salino, demasiado compacto o con patógenos o sustancias contaminantes difíciles de eliminar.

¿Qué características tienen?
Los distintos tipos de plantas tienen necesidades particulares, por lo que no puede haber un único sustrato perfecto. Sin embargo un buen sustrato deberá poseer siempre una serie de propiedades, que podemos agrupar en tres tipos:
Físicas: una elevada capacidad de retener agua para que la planta pueda utilizarla cuando lo necesite. También tiene que haber espacio para el aire, de manera que las raíces no se asfixien.
Químicas: un pH aceptable para la mayoría de hortalizas (aprox. 6–7, es decir neutro), bajo contenido en sales, capacidad de de retener nutrientes para que las plantas puedan tomarlos cuando lo necesiten (lo que los edafólogos llaman Capacidad de Intercambio Catiónico) y cierto contenido de elementos nutritivos.
Biológicas: se deben a la presencia de materia orgánica, que va descomponiéndose con el tiempo en diversas sustancias (ácidos fúlvicos y húmicos, se llaman). Dado que las plantas tienen sus preferencias es importante saber por ejemplo si el sustrato contiene compost fresco o muy fermentado. Asociadas a la materia orgánica podemos encontrar cosas buenas (micorrizas, enzimas, reguladores del crecimiento, etc.) pero también malas (organismos patógenos o sustancias inhibidoras del crecimiento). Un sustrato de calidad no debe tener estas últimas, por eso suele ser fáciles de esterilizar.
Quizás pienses que son muchos requisitos, pero hay que tener en cuenta que una planta en maceta o en contenedor no puede buscarse la vida y explorar el suelo en busca de agua o nutrientes. Depende totalmente de las condiciones que le ofrecen distintos componentes del sustrato elegidos por el ser humano. Veamos cuáles son.
Los ingredientes para un buen sustrato. Qué aporta cada uno.
Según su origen tenemos elementos orgánicos e inorgánicos. Todos ofrecen una matriz en la que se desarrollarán las raíces de la planta, y donde estas tomarán el agua y el oxígeno que necesiten. La diferencia fundamental es si aportan o no nutrientes a la planta.
Orgánicos
Turbas: son materiales muy ricos en carbono que proceden de restos vegetales. Según su grado de descomposición encontramos turbas rubias (pH más ácido, menos descompuestas) o negras (pH más básico, más descompuestas). Se utilizan mucho como base de sustratos comerciales porque retienen bien el agua y aportan una estructura ligera. Dado que proceden de turberas, que son ecosistemas muy sensibles, es preferible utilizar alternativas más sostenibles o de fuentes acreditadas.
Fibra de coco: se obtiene de la cáscara de los cocos y se considera la alternativa renovable de las turbas. Aporta una excelente aireación y capacidad de drenaje. Como no aporta nutrientes se utiliza a menudo en cultivos hidropónicos. Dado su origen tropical suele ser importada, por lo que puede resultar algo más cara.
Compost: Es material vegetal descompuesto y asimilable para las plantas. Está presente en muchos sustratos ya que aporta nutrientes, capacidad de retención de agua y favorecen la “vida” del sustrato.
Humus de lombriz: se elabora a partir de estiércoles de ganado herbívoro que son descompuestos y procesados por las lombrices. Dado que es muy rico en microorganismos y nutrientes se usa para enriquecer sustratos.
Corteza de pino: es un subproducto de la industria maderera que mejora las capacidades hídricas y aeróbicas de un sustrato. Se emplea por ejemplo como sustrato para las orquídeas.
Biochar: Es un producto que se obtiene al someter biomasa vegetal (residuos de poda, orujos de almazara, etc.) a una pirólisis controlada. Este carbón vegetal tiene un alto contenido en carbono orgánico, pesa muy poco, es muy poroso y estable.

Inorgánicos
Perlita: Es un material de origen volcánico que mejora la aireación del sustrato, al permitir que el oxígeno circule libremente alrededor de las raíces. Está presente en la gran mayoría de los sustratos comerciales y también se utiliza pura en cultivos hidropónicos.

Vermiculita: Es un material de origen mineral con una gran capacidad de retención de agua y de nutrientes, que se liberan cuando la planta lo necesita.

Arcilla Expandida: son bolitas cerámicas de baja retención de humedad, ideales para mejorar el drenaje y la oxigenación en el fondo de macetas o en sistemas de recirculación.
Lana de roca: es un material que se fabrica fundiendo roca volcánica a más de 1500°C. Se genera así una estructura de fibras entrelazadas que posee una enorme capacidad de albergar aire y agua. Se utiliza principalmente en construcción e industria por sus excelentes propiedades de aislamiento térmico, acústico y su alta resistencia al fuego. Es barato pero no se puede reutilizar.
¿Sabías que la lana de roca se desarrolló en la década de 1930? Hubo que esperar a los años 60 y 70, para que se exploraran sus aplicaciones en la agricultura.
Todos estos sustratos tienen unas características que los hacen especialmente útiles en invernaderos donde se utilizan sistemas hidropónicos (cuando se aplican los abonos a través del agua de riego). Como no reaccionan con las sustancias fertilizantes permiten al agricultor controlar con exactitud exactamente los nutrientes que toma la planta. No se descomponen con el tiempo, por lo que ofrecen bastante estabilidad física y algunos pueden ser reutilizados en varias cosechas.
Algunas mezclas básicas que te interesarán si eres huertero
Por último, aquí os dejamos algunas combinaciones de sustratos pensadas para los que quieren cultivar sus propias hortalizas en macetas, mesas de cultivo o bancales elevados.
Mezcla “todoterreno” para huerto urbano
Sirve para la mayoría de hortalizas cultivadas en maceta o mesa de cultivo.
- 40% fibra de coco (o sustrato universal ligero).
- 30% compost maduro.
- 20% humus de lombriz.
- 10% perlita o arena gruesa.
Mezcla para semilleros, según La Huertina de Toni
- 55 % de sustrato comercial, compost o fibra de coco, que aportan la estructura.
- 35% de humus de lombriz, que aporta los nutrientes.
- 10 % Perlita o arena de río para favorecer el drenaje.
- Una capa de vermiculita en la capa superior, para evitar que se seque.
Mezcla para hortalizas de raíz
Pensada para especies como zanahorias, rábanos, remolacha, que necesitan un sustrato muy suelto, sin terrones y piedras que provoquen que la raíz se tuerza o se bifurque.
- 45% fibra de coco.
- 25% humus de lombriz.
- 20% arena lavada (grano medio-fino).
- 10% perlita o vermiculita.
Mezcla con tierra de jardín
Ideal cuando hace falta mucha cantidad de sustrato (por ejemplo para bancales elevados o contenedores grandes) y tienes a mano una buena tierra. La tierra aporta estructura y reserva de nutrientes, y la combinación coco + arena evita que se apelmace.
- 40% tierra de jardín tamizada.
- 30% compost maduro.
- 20% fibra de coco.
- 10% arena gruesa o perlita.
Mezcla económica usando «sustrato universal»
Si no tienes tierra a mano, o no quieres complicarte la vida, puedes comprar sacos grandes de sustrato universal y mejorarlo un poco.
- 60% sustrato universal de calidad.
- 25% compost o estiércol muy hecho.
- 15% perlita, vermiculita o arena gruesa.
En este punto queremos dejar un consejo importante a la hora de comprar un sustrato universal: busca marcas que te den cierta garantía, porque lo barato sale caro. Vamos, de tener que tirar el saco entero porque en ese sustrato no crecen ni malas hierbas; y si, lo decimos por experiencia propia.
