Olivar cordobés con cubierta vegetal

ABECEAGRARIO: CUBIERTAS VEGETALES

Las cubiertas vegetales protegen el suelo de la erosión, retienen agua, aumentan su fertilidad y fomentan la biodiversidad. Te explicamos qué son, qué tipos existen y por qué la PAC las promueve en olivar, viñedo y frutales.

La utilización de cubiertas vegetales es una práctica agronómica cada vez más importante en el manejo de los cultivos, particularmente los leñosos. Aportan tantos beneficios al suelo donde se aplican que la normativa europea derivada de la Política Agraria Común promueve su utilización por parte de los agricultores.

Veamos en qué consisten las cubiertas y cuales son esos beneficios.

¿Qué son?

Dentro de los pagos directos de la PAC se han establecido una serie de intervenciones a favor del clima y el medioambiente denominados ecorregímenes. Uno de ellos es la instalación de “cubiertas vegetales espontáneas o sembradas” en los cultivos leñosos (frutales, olivar y vid).

En práctica, los agricultores adquieren el compromiso de mantener sobre el terreno una cubierta vegetal espontánea o sembrada, durante un periodo de tiempo determinado, en vez de dejar el suelo desnudo.

Ese periodo durante el cual la cubierta vegetal deberá estar viva lo definen las comunidades autónomas según sus condiciones agroclimáticas. Por norma general, se suele exigir al menos cuatro meses de otoño e invierno.

En las condiciones mediterráneas lo más frecuente es dejar el suelo desnudo en la zona que queda bajo la copa o la línea del cultivo. Fuente: Syngenta.

¿Qué tipos de cubiertas existen?

Existen distintas maneras de clasificar las cubiertas vegetales: su duración, el espacio que ocupan en el cultivo, el manejo que necesitan o las especies que la forman. Hay tanta variedad de posibilidades que es posible utilizar algún tipo de cubierta en casi cualquier explotación.

En esta entrada nos centraremos en la duración y en las especies que se suelen utilizar más a menudo.

Hemos mencionado que hay un periodo en el que necesariamente la cubierta tiene que estar “viva”. De esta manera tendremos cubiertas permanentes o temporales.

—Las cubiertas permanentes están formadas por plantas que permanecen verdes todo el año. Eso significa que necesitan bastante agua durante el verano, y que van a competir por ella con los árboles del cultivo. Por tanto son propias del clima atlántico.

—Las cubiertas temporales se planifican para evitar la competencia por el agua. Las plantas que la forman crecen desde otoño hasta mediados de primavera. Pueden ser espontáneas, sembradas o autosembradas.

Las cubiertas de autosiembra están formadas por gramíneas anuales de ciclo corto. Hacia el mes de mayo se secan y sueltan la semillas, las cuales permanecerán en el terreno durante el verano esperando las primeras lluvias de otoño para germinar. Esto evita tener que volver a sembrar cada año.

Por su parte, las cubiertas espontáneas son aquellas formadas por la vegetación que nace de manera natural en el terreno.

¿Sabías que en España las cubiertas espontáneas son las más extendidas y suponen un 27,3% de la superficie de cultivos leñosos? Solo un 0,5% son sembradas.

La clave está en controlar su desarrollo

Antes de que llegue el verano es necesario frenar el desarrollo de la cubierta vegetal. Es vital sobre todo para que no compita por el agua; y en cultivos como la vid unas plantas muy crecidas pueden entorpecer otras labores como la poda o la vendimia.

Este control puede hacerse de forma mecánica (mediante siega o desbrozado), de manera química recurriendo a herbicidas y, cómo no, mediante el pastoreo.

Todos los métodos tienen sus ventajas e inconvenientes. En caso de recurrir a los herbicidas, los cultivos tratados no pueden optar a recibir las ayudas de la PAC, ya que estas no permiten la aplicación de productos fitosanitarios sobre la cubierta vegetal (salvo excepciones).

Una vez eliminada la competencia los restos vegetales de la cubierta se mantienen en el terreno, para que sigan cumpliendo algunas de las funciones que veremos más adelante.

¿Qué especies se utilizan?

La correcta elección de las especies que integran la cubierta es también muy importante. Esta se hará en función de las características del terreno, la climatología y los objetivos del agricultor.

Para cultivos en un entorno mediterráneo se utilizan especies rústicas, bien adaptadas al medio, pero que a la vez sean poco competitivas, tengan un escaso desarrollo vegetativo y sean de ciclo corto.

Este ultimo requisito es clave, ya que la idea es que completen su ciclo reproductivo pronto y de esa manera no compitan con el cultivo por el agua y los nutrientes. Otro factor no menos importante es que no sean refugio habitual de plagas y enfermedades del cultivo, ya que esto ocasionaría más problemas que beneficios.

Para las cubiertas sembradas se utiliza una mezcla de especies, en la que suelen dominar las gramíneas (centeno, cebada, avena o triticale) y se mezclan con leguminosas (veza o yeros). Aquí vemos una cubierta en la cultivo de naranjos formada por la gramínea Festuca arundinacea. Tomado de aquí.

¿Qué ventajas tienen?

La utilización de cubiertas vegetales presenta muchos y variados efectos positivos en el medio ambiente y en el propio cultivo.

1. Protegen frente a la erosión y mejoran de la disponibilidad de agua.

El tapiz de raíces y hojas que cubre el suelo disminuye la velocidad del agua que corre por su superficie cuando se dan precipitaciones fuertes. De esta manera el agua tiene más tiempo para empapar e infiltrarse en el suelo. Además las raíces y raicillas, una vez descompuestas, crean pequeños canales, por los que penetra el agua a capas más profundas del suelo. De esta manera se aumentan las reservas de agua disponibles para el cultivo.

Suelo erosionado en un olivar.

Los estudios indican que un suelo cubierto suele disponer de más agua que en uno labrado, siempre que se realice la siega en el momento adecuado. Además, la presencia de restos vegetales ya secos también limita la evaporación.

2. Regula la temperatura

Un suelo desnudo sufre oscilaciones térmicas muy fuertes entre el día y la noche, así como a lo largo de las estaciones, lo cual suponen un estrés abiótico que afecta al cultivo. En un suelo sin cubierta las heladas son más intensas, los picos de temperatura aumentan considerablemente la evaporación del agua y reducen la actividad de la microbiota existente, desequilibrando las interacciones suelo – microbiota – cultivo.

3. Facilita el tránsito de vehículos

Al mejorar la permeabilidad y la estructura del suelo, las cubiertas vegetales tanto verdes como secas, permiten el paso de maquinaria por la parcela incluso después de una tormenta fuerte. Su presencia, además de limitar la erosión, evita la formación de barrizales y zonas encharcadas.

4. Evita la compactación del suelo

Las raíces de las plantas que forman la cubierta vegetal contribuyen a romper los agregados del suelo. Además el aporte continuo de materia orgánica mejora la estructura del suelo ahuecándolo.

5. Aumenta la fertilidad del suelo y mejora la microbiota

La utilización de las cubiertas vegetales permite aumentar los niveles de materia orgánica en las capas superficiales del suelo. Esto contribuye a mejorar su estructura y aumenta el contenido del complejo arcillo-húmico (que viene a ser el reservorio de nutrientes disponibles para el cultivo).

También ofrece alimento y refugio a muy diversos microorganismos que constituyen la microbiota del suelo: millones de bacterias, hongos y microinvertebrados por centímetro cúbico de suelo. Estos “bichitos” son un elemento clave para movilizar nutrientes y mantener el equilibrio en el complejo ecosistema del suelo.

Viñedo ecológico con cubierta vegetal en primavera

6. Reduce la presión de malas hierbas

La cubierta por sí sola compite por el espacio y los recursos con otras hierbas presentes. Incluso, la paja seca de las gramíneas con su “efecto mulching” dificulta la germinación de otras especies presentes (y potencialmente no deseadas). Esto se debe a que la paja, al degradarse lentamente, crea un acolchado que impide que les llegue la luz a las semillas presentes en el banco de semillas del suelo.

7. Aumenta la biodiversidad y favorece la presencia de la fauna útil

Las cubiertas ofrecen también refugio y recursos alimenticios alternativos para los enemigos naturales de las plagas. De esta manera mientras no hay plaga estos pueden mantenerse en el cultivo alimentándose de dichos recursos (néctar, polen, otros insectos) y estar listos para controlar la plaga esta aparezca. Este factor es clave para un control biológico más eficaz. De igual manera y como ya hemos visto antes, también atraen o favorecen a las poblaciones de insectos polinizadores.

cubierta vegetal con plantas en floración
Los cultivos de frutales que dependen de la polinización mediante insectos (manzano, peral, cerezo, almendro, etc) se benefician de la presencia de especies melíferas, es decir que atraigan a insectos polinizadores, a ser posible específicos al cultivo. Foto tomada de aquí.

8. Son agentes secuestradores de carbono.

La materia orgánica —que en gran parte es CO2 fijado por la fotosíntesis— procedente de la degradación de los restos vegetales pasa de la atmosfera al suelo gracias al proceso de humificación. 

De esta manera, la agricultura puede contribuir de manera fundamental a revertir el cambio climático. De hecho, este es uno de los motivos por los que la PAC incluye esta práctica agrícola en los ecorregímenes llamados de “Agricultura de carbono”.

En conclusión

Después de citar todas estas bondades seguro que alguien piensa que algún inconveniente tendrán. Es cierto que hay agricultores que no las utilizan por razones técnicas (cultivos leñosos recién plantados, suelos muy someros, heladas primaverales, etc.), económicas o incluso sociales.

Lo que es indudable es que las cubiertas vegetales, aunque se han demostrado muy útiles contra erosión y degradación del suelo, no son una práctica “plantar y olvidarse”. Para lograr el éxito el agricultor debe contar con el asesoramiento y formación necesarios para manejarlas y superar los inconvenientes que puedan surgir.

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